
A veces pienso en lo diferente que podría ser la vida si un día no hubiera asistido a un evento, si hubiera actuado diferente. Esto no trata de arrepentimiento, sino de interpretar el azar de las cosas que llamamos «casualidad«. Cada día tengo más claro que la vida trata única y exclusivamente del lugar en el que te encuentres y el momento en el que pase. Todos tenemos vidas únicas y diferentes, pero creo en la existencia de una fuerza o una conexión la cual se encarga de cruzar a personas en puntos específicos.
Concretando un poco más, me sorprende que en el edificio en el que vivo hay vecinos con los que llevo sin coincidir meses y años. Luego asisto a una fiesta, a un concierto, o a un simple espacio donde se concentra una multitud de gente, y por «casualidad» me cruzo a alguien que conozco, sin saber que estará allí.
Creo que si genuinamente forzase encontrarme de forma aleatoria con una persona jamás lo lograría. Lo peor es que muchas veces voy a un sitio, pienso que una persona que me gustaría ver estará allí, y nunca me la encuentro. Pero justo el día que voy sin pensarlo es el que la veo.
Recientemente me he distanciado de algunas personas y, para ser honesto, no estoy conforme con ello. Estoy convencido que si de verdad alguien merece la pena, o tiene algo que aportar a mi vida, o yo a la suya, dará igual el lugar y el momento, que esa fuerza ya se encargará de traerme a esa persona de vuelta.
Vivimos en una época donde es muy fácil encontrar o conocer a alguien gracias a las redes sociales. Esa facilidad es precisamente la que hace que, los sucesos inesperados que se viven de forma presencial son los más chocantes. No me parece «casualidad» que casi todos mis amigos les conocí en persona y aquellos con los que me abrí por internet a día de hoy no existan.
Casos singulares
- Un amigo mío conoció a su pareja de fiesta y yo siempre decía y pensaba que en determinados lugares, como ese, no iba a encontrar a la mujer de mi vida. A día de hoy creo que no soy nadie para juzgar los caminos o los métodos que pueda tomar la vida. La única voluntad que existe es la mía para decidir si quiero o no estar en ese lugar en dicho momento, pero las millones de posibilidades de cosas que puedan suceder no las puedo negar, por mucho que crea que algo es lo más probable.
- Tenemos la ubicación compartida siempre un amigo y yo. Hace poco él salió de su trabajo a una hora a la que no solía salir y yo pues a la de siempre. Me acuerdo perfectamente que estaba ese día el metro lleno de gente y dejé pasar un tren. Yo tiendo a repetir patrones y, por ejemplo, cuando me subo a un vagón me gusta estar siempre en un punto concreto y entrar por una misma puerta. Pues ese día tomé la decisión, que ni siquiera fue decisión, porque actúe sin pensar, de entrar por otra puerta. El tren iba repleto de gente y me puse en un rincón, miré el móvil distraido y a los dos segundos recibí una colleja. Era mi amigo. A pesar de estar muy conectados digitalmente, nos cruzamos por sorpresa. Para colmo, mi amigo, tres paradas después, me señaló a una persona fuera del tren. Resultó ser un viejo amigo al cual llevaba sin ver casi un año. Dos sucesos extrañísimos en un mismo día, yo que hago miles de trayectos solitarios y monótonos. Si hubiera cogido el tren anterior o me hubiera puesto donde siempre, habría sido como uno más.
- No todos los sucesos y casualidades son para abrir historias o retomarlas, también están las que ponen el punto y final. Un compañero me comentó el trágico suceso que se llevó la vida de un conocido suyo. Al parecer, le cayó un coche en la cabeza. Surrealista. Es por ello que nunca se puede dar nada por hecho. Fue un accidente, donde un coche se salió de una carretera y cayó sobre otra, con tan mala fortuna de que su conocido circulaba por el punto de aterrizaje en ese preciso instante.
Vida solo hay una y no hay que preguntarse la razón de las cosas. Lo único seguro es que cuantas más cosas hagas, más posibilidades de vivir cosas únicas tendrás. Hay días que no apetece salir de casa o apuntarse a un plan, pero si lo haces, a lo mejor te cambia la vida radicalmente o sucede algo que no esperas. Las cosas no hay que salir a buscarlas, porque lo forzado no genera atracción, pero tampoco hay que cerrarse a ellas. Lo mejor es tener una vida plena y sentir que, hagas lo que hagas, estás en el lugar correcto.




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